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La Diferencia entre el Espíritu y el Alma

Pregunta: ¿Cuál es la diferencia entre el espíritu y el alma?

 

 

 

Respuesta:  La Biblia enseña que el hombre está compuesto en tres partes: espíritu, alma, y cuerpo;  y según 1 Tesalonicenses 5:23, Dios quiere que santifiquemos cada una de estas partes de nuestra constitución.

 

1Ts.5:23  Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.

 

Aunque verdaderamente es difícil diferenciar entre el alma y el espíritu, existe una diferencia entre los dos como enseña Hebreos 4:12.  La división del alma y el espíritu indica que el alma y el espíritu no son la misma cosa.   Entonces, según la Biblia somos seres trinos, ya que hay tres partes de nuestra composición.

 

Ahora me gustaría definir estos términos así como la Biblia los define para comprender la función de cada uno.

 

EL ESPÍRITU

 

(1) El “espíritu” del hombre es el “hombre interior” (2 Co. 4:16).  Es la parte que tenemos en común con nuestro Dios.  

 

Juan 4:24”Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren”. 

 

El hombre fue creado a la imagen de Dios; esto tiene que significar que lo que Dios puso dentro de nosotros era su imagen, algo semejante a Él.   Puesto que Dios es un ser espiritual, lo que tenemos “a su imagen” es nuestro espíritu.  Tenemos una naturaleza espiritual. Es con nuestra naturaleza espiritual que comprendemos que hay un Dios, que adoramos a Dios, y conocemos a Dios. 

 

Job 32:8 dice: “Ciertamente espíritu hay en el hombre, y el soplo del Omnipotente le hace que entienda”. 

Es este intelecto superior de nuestra naturaleza que nos permite vivir en un plano superior al del animal.  El animal no tiene espíritu eterno.  Por esa razón, no puede saber que hay un Dios, ni adorar a Dios.   Se cuenta de un perrito que seguía a su dueño a la iglesia todos los domingos, y era más fiel que algunos de los miembros, pero no era capaz adorar a Dios.  ¿Por qué no?  Él no podía saber de la existencia de Dios puesto que era animal- no tenía espíritu.   

 

(2) Pero usted tal vez dice, “¿qué hay del versículo en Eclesiastés 3:21 que habla del “espíritu del animal”? Este versículo es frecuentemente malentendido y mal aplicado.

 

Ecl.3:21 dice: “¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres sube arriba, y que el espíritu del animal desciende abajo a la tierra?” 

 

Este versículo tal como todo el libro de Eclesiastés está escrito desde el punto de vista de estar “bajo el sol”, una frase encontrada más de 30 veces en este libro.  Está escribiendo desde la perspectiva del hombre natural quien cree que no hay diferencia entre el animal y el hombre.  El escéptico declara en el  versículo 19:

 

“…una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad”.  

 

Entonces este hombre confundido y escéptico pregunta, “¿Quién sabe que el espíritu del hombre sube arriba, y el del animal desciende abajo a la tierra?”  Él no sabe si el animal y el hombre tienen espíritu y cuestiona si sea posible saberlo.  Entonces, en realidad no podemos usar este versículo para probar la existencia de un espíritu en el animal.   Sin embargo, supongamos por un momento que el escritor de este versículo tenía razón en hablar de un espíritu animal; entonces tendríamos que concluir que el espíritu animal no es igual al del ser humano, porque el del animal no es eterno sino que “desciende abajo a la tierra” y allí termina su existencia, pero el espíritu del hombre “sube arriba” al trono de Dios.   Gracias a Dios que al final del libro, Salomón se da cuenta que no es el animal sino el hombre quien tiene espíritu, el cual vuelve a Dios quien lo dio (Ec.12:7).

 

(3) Dios crea el espíritu dentro del ser humano en el momento de la concepción.  Por eso Hebreos 12:9 dice que Dios es el “Padre de los espíritus”.  

 

Zacarías 12:1 dice que Él “forma el espíritu del hombre dentro de él”. 

Santiago 2:26 dice: “el cuerpo sin espíritu está muerto”.

 

 Nuestro espíritu es la parte de nosotros que “se turba” (Daniel 7:15), “se regocija” (Lucas 1:47), “está dispuesto” (Mateo 26:41).  Romanos 1:9 dice que servimos a Dios en nuestros espíritus.   La parte de usted que se preocupa por los demás es su espíritu (2 Co.2:13).  Marcos 8:12 dice que Jesucristo “gimió en su espíritu”.   El espíritu de Tito fue confortado por los hermanos de Corinto (2 Co.7:13).  El rodearse con otros hermanos puede confortar y recrear nuestros espíritus (1 Co.16:18).  Dios quiere que seamos limpios en nuestros cuerpos y espíritus (2 Co. 7:1). 

 

1 Corintios 6:20 “glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios”. 

 

Con toda esta evidencia, concluimos que fue el espíritu de Lázaro que fue llevado por los ángeles al seno de Abraham (Lucas 16:22,23).  Aunque los cuerpos de Abraham, Isaac y Jacob ya se han deteriorado, sus espíritus siguen vivos (Lucas 20:36-38). 

 

EL ALMA

 

(1) Mucha gente me ha preguntado si el alma y el espíritu son la misma cosa.  El alma del hombre literalmente se refiere a la vida física.  La palabra “alma” se usa muchas veces en ambos el Antiguo y el Nuevo Testamentos con referencia al animal.  La primera vez se encuentra en Génesis 1:20 donde Dios mandó a las aguas que produjeran “seres vivientes”.   En el hebreo, ésta es la palabra “NEPHESH”, la palabra traducida “alma” muchas veces en el Antiguo Testamento.  En el Nuevo Testamento, la palabra griega traducida “alma” es “PSUCHE”.  Estas dos palabras traducidas “alma” se utilizan para referirse tanto al hombre como al animal (Génesis 1:30; 9:10).  ¿Y qué significan?  Significan “vida”. 

Tanto el hombre como el animal tienen como principio vital la sangre. 

 

Levítico 17:11 “La vida (NEPHESH) de la carne en la sangre está”.

 

 Si vaciamos la sangre del cuerpo humano, ¿qué sucede?  Muere.  Es porque hay un principio vital de sangre que tenemos en común con el animal.

 

Lev.17:14 dice: “Porque la vida de toda carne es su sangre”.

 

La palabra “alma” en su sentido literal se refiere a la vida física animal.  El animal la tiene, y también el hombre.  

 

Hechos 27:22 dice: “pues no habrá ninguna pérdida de vida (alma) entre vosotros”. 

 

 La mayoría de las veces que encontramos la palabra ALMA (psuche) en el Nuevo Testamento, es traducida “vida”.  Por ejemplo, en Juan 10:15, Jesucristo dice: “pongo mi vida (alma) por las ovejas”.  En este sentido, es correcto pensar del alma como una parte que muere.  De hecho la palabra “ALMA” es traducida

“muerto” en Números 9:10.  En Números 19:13 es traducida “cadáver” con referencia a tocar un cadáver.  Entonces podemos “tocar un alma”, lo cual se refiere al cuerpo en este versículo.  Entonces un “alma” puede estar muerta cuando se refiere a la vida del cuerpo. 

Apocalipsis 16:3 dice: “…y murió todo ser vivo (alma) que había en el mar”.

 Apocalipsis 8:9 dice: “Y murió la tercera parte de los seres que estaban en el mar y que tenían vida (alma)” (LBLA)  

 

Los peces, las ballenas, y otras criaturas marinas tienen “alma” en el sentido de que tienen “vida”. 

 

(2) Por otro lado, la palabra “alma” muchas veces no se utiliza en su significado literal, pero se usa en su sentido idiomático, en su sentido figurado como modismo.  Un modismo es una expresión usada por un pueblo, país o raza de manera diferente a su sentido literal y ordinario. 

 

El erudito griego Alexander Campbell dice que la palabra “alma” en el Nuevo Testamento es un modismo griego que muchas veces se refiere al espíritu del hombre, es decir, la parte eterna del hombre.  Es usada de esta manera a menudo en las Escrituras (i.e., Stg.5:20; Mateo 10:28, etc.). Un ejemplo de tal uso es Hechos 2:31 donde dice del Señor:

“…su alma no fue dejada en el Hades”.

En este texto, el alma no es la vida del cuerpo. Es más que la vida del cuerpo. La palabra “alma” simplemente es una palabra transferida idiomáticamente a la palabra “espíritu”, y usada para referirse a la parte eterna del hombre; y no hacemos ningún daño o perjuicio a la palabra “alma” cuando hablamos de un “alma eterno” porque sabemos que se está refiriendo al hombre interior, al espíritu humano hecho a la imagen de Dios Todopoderoso.  Otro ejemplo del uso idiomático de “alma” para referirse al espíritu  inmortal es Ap.6:9 donde habla de las almas bajo el altar que habían sido muertos que clamaban a gran voz por la justicia y venganza.

Sin embargo, correcta y literalmente lo que nos distingue de los animales es el espíritu. 

 

(3) Para ser más específico, el “alma” del ser humano en su sentido literal consiste en los apetitos físicos básicos (hambre, sed, deseo sexual, instintos, etc.) y las reacciones primarias (temor, dolor, excitación, etc.).  Es la parte de nuestro ser que compartimos con los animales.  Tanto el ser humano como el animal tienen alma en el sentido de “fuerza vital”.

 

Es verdad que los animales no tienen espíritus eternos, pero tampoco son criaturas de cuerpo solamente.  Además del cuerpo físico, poseen el aliento de vida (Gen.7:15).  Repito. La bestia no tiene espíritu eterno, pero tiene “alma” en el sentido de poseer fuerza vital.

 

El papa Francisco durante un discurso en la ciudad del vaticano, tratando de consolar a un niño que que recientemente había perdido su querido perro, dijo:

 

 “Un día veremos de nuevo a nuestros animales en la eternidad de Cristo. El paraíso está abierto a todas las criaturas de Dios”. 

 

Esto es falso.  Los animales solamente poseen vida (no poseen espíritu eterno), y la parte de ellos que anima a sus cuerpos muere junto con sus cuerpos, como ya aprendimos de Eclesiastés 3:19-21.

 

No conozco a nadie que negaría que el mamífero tiene sensibilidades, y de una forma limitada siente emociones como temor, dolor, y excitación.  Esta capacidad de sentir se debe a que tienen vida animal (alma). Esto es algo que el ser humano comparte con los animales.  Pero lo que separa al ser humano de los animales es que el ser humano también tiene espíritu eterno, y el animal no.  El animal no tiene espíritu racional y responsable, que le capacitaría a pecar.   El perro mestizo que gruñe, el león que ruge, la hiena que es fiera y casi indomable, la serpiente que sisea y pica, el avestruz que abandona sus huevos sin preocuparse por ellos (Job 39:14)…para ellos no hay culpa, porque no son responsables.  Pero un hombre que demuestra el mismo temperamento, y la misma falta de afecto ciertamente contrae culpa, porque el hombre tiene una naturaleza más alta, y él debe sujetar todas estas cosas a la ley que Dios ha impuesto sobre él como un ser moral y responsable.

 

RESUMEN Y APLICACIÓN

 

Volviendo al texto de 1 Tesalonicenses 5:23, Dios manda que santifiquemos ahora las tres partes de nuestro ser y de modo que nuestro espíritu, alma, y cuerpo permanezcan sin mancha, sin defecto, e irreprensible, para la venida del Señor Jesucristo.  (1) Primero, hay que mantener un cuerpo “santo”, completamente dedicado a su servicio, sin tacharlo  o contaminarlo con la fornicación, los cigarrillos, el alcohol, etc.   (2) De igual modo, es necesario mantener santa y pura nuestras almas a través de contener y refrenar nuestras reacciones y apetitos básicos animales.  Al mandar la santificación del alma, Dios está decretando que mantengamos bajo control el deseo animal de comer, beber, dormir, de la excitación sexual, y también la subordinación de nuestras reacciones instintivas de sentir temor, dolor, etc.  (3) Y por último, hay que conservar nuestro espíritu en santidad, moldeándolo en un espíritu de mansedumbre, amor, paz, fe, bondad, gozo, paciencia y humildad (Gálatas 5:22,23; 2 Tim.1:7; 1 P.3:4; Gá.6:1).

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en marzo de 2016 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2016. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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