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Fábulas, Geneologías y Cuestiones Necias

 

Pregunta: ¿Me podría ayudar con 1 Timoteo 1:4 «ni presten atención a fábulas y genealogías interminables . . .»?  (Venezuela)

 

Respuesta: Para determinar el significado de «fábulas» y «genealogías», el estudiante de la Biblia debe recurrir al contexto inmediato y a los pasajes paralelos. Al hacer eso, él descubrirá que las fábulas y genealogías no se refieren a asuntos doctrinales de la fe cristiana, sino más bien a las fábulas rabínicas y las genealogías judías. En el primer siglo, algunos falsos maestros estaban tratando de incorporar a las enseñanzas del cristianismo estos cuentos infundados y fantasiosos de la tradición judía. Tales fábulas y genealogías, el apóstol las designa «diferente doctrina» (1 Ti.1:3). Para superar nuestra comprensión de este pasaje, examinaremos el término «fábula», «genealogías» y «cuestiones necias» en 1 Timoteo 1:4 y sus pasajes paralelos.

 

FÁBULAS JUDÍAS

Tito 1:14 dice «no atendiendo a fábulas judaicas, ni a mandamientos de hombres que se apartan de la verdad».

En las escuelas judías, se enseñaba que Dios, además de la ley escrita, había transmitido una «ley oral» de boca en boca por una sucesión de rabinos desde los tiempos de Moisés. No fue hasta el segundo siglo después de Cristo  que un judío llamado Rabí Jehuda escribió esta colección de tradiciones orales en un libro llamado la Misná. Otro compendio judío que abunda en leyendas no autentificadas es la Talmud. Debido a la prevalencia de estas fábulas en el primer siglo, el apóstol Pablo advirtió a los creyentes contra prestar atención a los mitos fantásticos del judaísmo sobre Dios. Les exhorta a denegar estas leyendas ficticias sobre ángeles y muertos rodando por las cavernas de la Tierra e historias no confirmadas sobre los patriarcas como José. En 1 Timoteo 4:7 describe semejantes fábulas como «fábulas profanas y de viejas». 

 

Estas fábulas y mitos orales formaban parte de «la tradición de los ancianos», la cual condenó Cristo en Mateo 15:2,6. Además de no ser inspirados por Dios, estas eran falsificaciones de la verdad concebidas en la imaginación humana. 

 

GENEALOGÍAS INTERMINABLES

Consideremos ahora el significado de «genealogías interminables».  Las genealogías bajo el Antiguo Testamento servían dos propósitos fundamentales. Uno, las tablas genealógicas fueron preservadas y utilizadas para verificar el linaje del Señor Jesús como descendiente carnal del rey David (como vemos en Mateo 1 y Lucas 2). Dos, las genealogías servían para  distinguir entre el pueblo de Dios (los israelitas) y los paganos (los gentiles) y para establecer  la tribu a la que pertenecía cada israelita.

 

Hoy en día, para el cristiano no existe ningún provecho espiritual en las genealogías, porque «ya no hay judío ni griego» (Gálatas 3:28). Lo que el apóstol condena en 1 Timoteo 1:4 con la mención de «genealogías interminables» es la pérdida de tiempo en pasar meses y años investigando los datos genealógicos para probar superioridad debido a su abolengo davídico o sacerdotal. Dios desaprueba que demos mucha importancia a nuestro linaje o herencia racial como base de nuestra autoestima. En el cristianismo, no importa en absoluto nuestra pertenencia a la tribu de Leví o nuestra identidad como descendientes carnales de David. El uso de tales argumentos para exaltarse espiritualmente «acarrean disputas más bien que edificación de Dios que es por fe» (1 Ti.1:4). Causan división.

 

Otro uso impropio de las genealogías se centraba en su esmero a ellas con fines cabalísticos, para derivar fábulas y doctrinas caprichosas a partir de los nombres que componían las genealogías. En el pasado, algunos rabinos imaginativos al encontrar nombres desconocidos en la genealogía inventarían fábulas basadas en esos nombre sin ninguna base histórica.

 

Por eso, el apóstol las llama «interminables» por la prolongación tediosa de nombres, por su temática inexhausta, y más que todo, porque no tienen ningún fin o propósito útil. Como dice Tito 3:9 «Pero evita las cuestiones necias, y genealogías, y contenciones, y discusiones acerca de la ley; porque son vanas y sin provecho».

 

Para aclarar, lo que este versículo no condena es la investigación de su linaje personal solo por curiosidad con tal que reconozca que en Cristo nuestra raza o linaje físico carece de importancia. Todo ser humano es «de una sangre» (Hechos 17:26) y  descendiente de la misma pareja original. El hecho de que hayamos descendido físicamente de un dignatario célebre o personaje prestigioso de la historia, realmente es de poca importancia para el creyente, dado que todo cristiano es hijo espiritual de Abraham (Ro.4:16).

 

CUESTIONES NECIAS

Además de las fábulas y genealogías, Tito 3:9 dice que debemos evitar «cuestiones necias»  y «contenciones y discusiones sobre la ley». Algunos sectarios en la actualidad tergiversan este versículo para condenar toda argumentación en favor de la verdad (2 P.3:16). Alegan que es pecado contender sobre cuestiones como el uso de instrumentos mecánicos de música en el culto, el bautismo infantil, o la participación bíblica de  la cena del Señor. En primer lugar, estas cuestiones no son «cuestiones necias», sino parte de la doctrina de Cristo. Además, nos informa 2 Juan 1:9 que si no permanecemos en la observancia correcta de estos principios de la doctrina de Cristo, no tenemos a Dios ni a Cristo.

 

Aunque definitivamente es pecaminoso contender sobre cuestiones necias, es mandamiento  divino contender por la doctrina de Cristo. Judas 1:3 exhorta: «que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos». Nuestra batalla no es carnal, sino espiritual y consiste en derribar «argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo» (2 Co.10:5).

 

Ningún asunto de creencia o práctica cristiana es una «cuestión necia»; mas bien, son cuestiones sabias puesto que Dios las instituyó. Por eso, el bautismo por sumersión (una sepultura en agua Col 2:12) instituido por Cristo y sus apóstoles tiene que ser defendido ante aquellos que abogan por el  rociamiento.  De igual forma, a cada cristiano le corresponde contender por la doctrina apostólica de cantar congregacionalmente, rasgueando las cuerdas de nuestros corazones, no de instrumentos mecánicos (Ef.5:19).  Asimismo, es necesario argumentar por la celebración dominical de la Cena del Señor con una sola copa con fruto de la vid que todos los reunidos bendicen y un solo pan del cual todos parten (1 Co.10:16,17). Cristo ha dado a conocer su voluntad sobre estas cuestiones y muchas más, y por lo tanto debemos estar «siempre preparados para presentar defensa» (1 Pedro 3:15; Filipenses 1:17). Estas cuestiones no son «discusiones acerca de la ley». En Tito 3:9, las «discusiones acerca de la ley» que nos manda evitar son aquellas cuestiones insignificantes de la ley de Moisés imposibles de resolver. Este texto no hace ninguna referencia a la ley de Cristo.

 

La categorización del modo del bautismo bíblico, la cena del Señor, la ofrenda y el canto como «cuestiones necias» y  asuntos de opinión constituye blasfemia. Efectivamente, la insistencia de Cristo y sus apóstoles a que observemos estrictamente las tradiciones escritas en la Biblia elevan estas cuestiones y todas las cuestiones doctrinales al máximo nivel de importancia. Siempre habrá alguien que «enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad» (1 Ti.6:3). El apóstol de ninguna manera condena a los que defienden la verdad, sino a los que introducen nuevas doctrinas diferentes a la fe original. Condena a los que tuercen las palabras de la Biblia dándoles un sentido extraño para defender sus prácticas anti-bíblicas. Tales «cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas» (1 Ti.6:4). Asignan significados inusuales a vocablos comprensibles y sacan versículos de su contexto para apoyar doctrinas humanas, en vez de apegarse a lo que está escrito en la Santa Palabra. Estos hombres, lejos de resguardar la verdad de Cristo, participan en «disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad» (1 Ti.6:5).

 

Por lo tanto, les exhorto, amigos y hermanos míos a escudriñar las Escrituras para descubrir la verdad y una vez descubierta, a defenderla y contender por ella. Proverbio 23:23 «Compra la verdad, y no la vendas; La sabiduría, la enseñanza y la inteligencia».

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en enero de 2019 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2019. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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