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¿Es pecado ofrendar menos del diez por ciento?

Pregunta: Dado que el Nuevo Testamento en ningún pasaje manda que el cristiano ofrende el diez por ciento, ¿tenemos la libertad de ofrendar cualquier porcentaje de nuestros ingresos que queramos? ¿Es pecado ofrendar menos del diez por ciento? (E.E.U.U.)

 

Respuesta: Antes de contestar esta pregunta, examinemos brevemente la práctica de diezmar requerida bajo la ley de Moisés. Esencialmente, los judíos fueron obligados a pagar tres diezmos.

 

1. EL DIEZMO LEVÍTICO. Según Levítico 27:30-33, Dios instituyó una ley para los ciudadanos de las tribus de Israel de pagar impuestos a la tribu de Leví, la tribu sacerdotal. No pagaron impuestos monetarios, sino que fueron obligados a entregar a los levitas el diez por ciento de toda cosecha. Traían cestos llenos de frutas, verdaderas, granos de trigo y cebada, que constituían la décima parte de su cosecha. Asimismo, fueron obligados a consagrar a Dios una de cada diez vacas y ovejas.

 

2. EL DIEZMO FESTIVO. Según Deuteronomio 12:6-17, Dios exigió un segundo diezmo. Este diezmo no fue recibido por los levitas, sino que los israelitas fueron obligados a llevar este diezmo a Jerusalén y a comerlo en el santuario junto con su familia, amigos, sirvientes y los sacerdotes. El propósito de este diezmo fue promover unidad entre el pueblo de Dios.

 

3. EL DIEZMO HUMANITARIO. Había un tercer diezmo que se tenía que ofrecer cada tres años, según Deuteronomio 14:28. Este diezmo fue dedicado a los pobres, a las viudas y a otros que no tenían el sustento diario. Dividendo 10% por 3 años resulta en un pago anual de 3⅓ por ciento de sus ingresos.

 

Sumando todos los impuestos, los judíos tenían que ofrendar mínimamente el 23% de sus ingresos. Además de todo esto, Dios ordenó que los judíos dejaran algunas espigas en el campo y racimos de uvas en las viñas para los pobres y extranjeros (Levítico 19:9,10).

 

Aunque el diezmo judío no es obligatorio para nosotros hoy en día, «las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron» (Ro.15:4). En otras palabras, tanto los errores que cometieron los israelitas como su generosidad sirven «como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos» (1 Co.10:11).  Por lo tanto, no estamos en completa oscuridad en cuanto a la cantidad que Dios quiere que ofrendemos. 

 

LA GENEROSIDAD DE LOS JUDIOS

En Éxodo 35:4-10, Moisés habla de «todo generoso de corazón» y «todo sabio de corazón» que traía sus ofrendas a Dios. Estos israelitas tenían un corazón dispuesto, una actitud generosa al extremo (Ex.35:21,22). Esto da nuevo sentido al mandamiento cristiano en 2 Corintios 9:6,7, «Cada uno dé como propuso en su corazón» y «siembra generosamente». 

 

Tengamos cuidado, hermanos, de no decir tajantemente que «no tenemos que diezmar». Esta declaración  aislada constituye una media verdad, porque deja la impresión que podemos sembrar escasamente con la aprobación de Dios.

 

Una vez una mujer sectaria estaba defendiendo la práctica del diezmo  en la actualidad. Dijo que ella quería ofrendar a Dios el diez por ciento de lo que Él le había prosperado, y el predicador de la iglesia de Cristo le respondió, «No, usted no tiene que dar esa cantidad, sino ofrendar “conforme a lo que haya prosperado”». El predicador decía la verdad, pero no era toda la verdad, porque le estaba sugiriendo que ofrendar el diez por ciento no constituye ofrendar conforme a su prosperidad. Además, le indicó que podemos ofrendar un porcentaje mucho menor y al mismo tiempo ser «generosos».

 

La verdad es que nuestra justicia debe superar a la de los fariseos y maestros de la ley (Mt.5:20). Estos practicaban rigurosamente el diezmo, pero se habían olvidado de la justicia, compasión y fidelidad. Cristo dice que ellos debían haber practicado las dos cosas (Mateo 23:23). Por eso, ni Cristo ni sus apóstoles nos mandaron dar exactamente el diezmo, porque no querían que nos limitáramos a dar la décima parte de nuestros ingresos sin dar ni un centavo más. Este fue el gran error de los fariseos que incluso contaban cada partícula de cada especia para asegurarse de no ofrendar ni una partícula extra.

 

Cristo nos ha dejado el principio de la generosidad, en lugar del diezmo. Sin embargo, ¿es la generosidad un término ambiguo con diferentes significados subjetivos? ¿Dónde trazamos la línea divisoria entre generoso y no generoso? No nos quedamos en la oscuridad en cuanto a la respuesta a esta pregunta. Dios ha provisto varios ejemplos de generosidad en el Nuevo Testamento. Como veremos, ninguno de estos ejemplos implica que el cristiano puede ser «generoso» y al mismo tiempo ofrendar menos del diez por ciento.

 

1. EJEMPLO DE GENEROSIDAD: LA VIUDA POBRE

La historia de la viuda pobre en Marcos 12:41-44 nos enseña tres lecciones sobre ofrendar: (1) Jesús está mirando cuánto damos. (2) Cristo puso a esta viuda como ejemplo de generosidad, ya que se sacrificó, dando el 100% de su dinero como ofrenda a Dios. Aunque Jesucristo no nos obliga ofrendar el 100% de nuestros ingresos al Señor, ¡tampoco nos dice que no lo hagamos! De hecho, Él pone a esta viuda como ejemplo de generosidad para que la sigamos. (3) Ella echó en el tesoro «todo lo que tenía, todo su sustento». Ella dio con fe, confiando en Dios como Proveedor y Sustentador. Por tanto, ¿cómo podemos pensar que Dios va a estar satisfecho con nosotros cuando ni siquiera le ofrendamos el 10 por ciento de lo que ganamos?  Es una falta de fe.

 

2. EJEMPLO DE LOS HERMANOS EN MACEDONIA Y ACAYA

El mandamiento de 2 Corintios 9:6,7 de ofrendar generosamente no es fortuito. La pregunta que nos hacemos no debería ser «¿Cuánto tengo que ofrendar?», sino «¿Cuál es la cantidad máxima que puedo dar?»

 

Los hermanos pobres de Tesalónica y de Filipos, cuando se enteraron de la penuria de los hermanos de Jerusalén y de cómo sufrían por falta de alimento, comenzaron a echar más de lo habitual en el tesoro semanal. Los tesalonicenses y los filipenses no recaudaron ofrendas especiales de amor. Simplemente pusieron sus generosas ofrendas en el tesoro de la iglesia el primer día de la semana como Dios mandó en 1 Corintios 16:1,2. Después, cada congregación sacó de la ofrenda dominical una donación y la enviaron a los hermanos necesitados en Jerusalén (1 Co.16:3; 2 Cor.8:1,2). Pablo puso a estos hermanos de Macedonia como ejemplo a los corintios para que ellos también aprendieran a abundar en la gracia de la generosidad (2 Cor.8:7). Lo más impresionante de los hermanos en Macedonia es que eran hermanos profundamente pobres, pero  que aun así «abundaron en riquezas de su generosidad» (2 Co.8:2). ¡Jesús no estableció una cantidad específica, porque no quiso poner un tope a la cantidad que podemos dar!

 

3. EJEMPLO DE GENEROSIDAD: JESUCRISTO

Pablo dice que los cristianos deben considerar el ejemplo de Jesucristo cuando están proponiendo en sus corazones la cantidad que van a ofrendar (2 Cor.8:9). ¡Gracias a Dios que él no nos dio solamente un décimo! Él dio el 100%. Él era infinitamente rico y se empobreció al máximo para que pudiéramos llegar a ser ricos. ¿Cómo podemos ver el sacrificio de Cristo y guardar egoístamente el 95% para nosotros, y dar solo el 5% al ​​Señor?

 

Cuando le decimos a la gente mundana que no tenemos que dar el 10 por ciento, les estamos dando a entender que podemos dar menos. Creo que a cualquier persona le sería difícil argumentar que dar menos del 10% es ofrendar en «abundancia». ¡Lamentablemente, algunos de nosotros pagamos más dinero al gobierno en impuestos de lo que damos al Señor!

 

La Biblia define para nosotros lo que es generosidad. Como ya vimos, muchos de los israelitas, a pesar de todas sus faltas, eran generosos. Ofrendaron más del 10 por ciento. Además, Abraham, quien es nuestro padre a quien debemos imitar, pagó el 10 por ciento a un rey terrenal llamado Melquisedec (Heb.7:9;Ro.4:12). Jesús es un rey según el orden de Melquisedec. ¿Jesús merece menos de lo que Abraham le dio a Melquisedec? Claro que no.

 

La mayoría de nosotros ni siquiera pensamos en darle a Dios el 100% porque no podemos vivir del 0%. Pero, ¿qué tal un 50%? Bueno, a veces el alquiler lleva el 50%. Y además, tenemos que comer. Deducimos y deducimos y deducimos, hasta que lo reducimos al 99% para nosotros y al 1% para Dios. ¿Qué porcentaje ha  elegido usted ofrendar a Dios?

 

Les dejo con esta idea: Cada vez que usted recibe su pago, ¿por qué no apartar a Dios una gran cantidad antes de pagar todos los gastos? De esta manera, usted estará priorizando a Dios en sus finanzas (Mt.6:33). Aún los judíos honraron al Señor con las primicias de sus cultivos (Prov.3:9). ¿Cómo podemos justificar dejar a Dios las sobras? 

 

Se cuenta que hace muchos años un granjero asistió a un culto para escuchar a John Wesley predicar. Wesley predicó ese día sobre el dinero, y su primer punto fue «Consiga todo lo que pueda» a través de trabajar duro. El granjero dio un codazo a su vecino y le susurró: «¡Hoy la predicación está bastante buena! ¡Nunca había escuchado algo como esto antes!». El segundo punto principal de Wesley fue: «Ahorre todo lo que pueda» y denunció el despilfarro y la extravagancia. El granjero se entusiasmó aún más, «¿Alguna vez ha escuchado algo semejante? ¡Esto es genial!». Entonces Wesley avanzó a su tercer punto, que era «Ofrende todo lo que pueda». El granjero cicatero gimió: «¡Ay no! ¡Este sermón tan bonito lo acaba de arruinar!». Lamentablemente, algunos de nosotros somos tan avaros y lo peor es que defendemos nuestra tacañería, clamando que «el Nuevo Testamento dice que no tenemos que diezmar». Recordemos, hermanos, que simplemente somos mayordomos de las posesiones que Dios nos ha encomendado y que algún día tendremos que rendir cuentas al Señor sobre la forma en que hemos administrado Su dinero.

 

Y una palabra a nuestros hermanos predicadores: Tengamos cuidado a no contar una media verdad, diciendo que no tenemos que diezmar y así dejar la falsa impresión de que Dios aceptará ofrendas mezquinas y exiguas. No, hermanos, sigamos el modelo de Jesucristo, de la viuda pobre y de los macedonios y animemos a todos a abundar en la gracia de la alegre generosidad.

 

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en mayo de 2019 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2018. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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