pm -2019AmorIntolerante

El amor corrige la false doctrina

 

Pregunta: Por favor explique 1 Timoteo 1:5. Cuando dice, «este mandamiento», ¿a qué mandamiento se refiere?  (E.E.U.U.)

 

 

Respuesta: Para comenzar leamos cuidadosamente el texto sagrado:

 

1 Timoteo 1:5,6 «Pues el propósito de este mandamiento es el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida, de las cuales cosas desviándose algunos, se apartaron a vana palabrería» .

 

El mandamiento al que se refiere el apóstol Pablo en el verso 5 contextualmente es el mismo del verso 3 y 4, a saber, «que mandases a algunos que no enseñen diferente doctrina».  En otras palabras, el mandamiento divino es  que el evangelista Timoteo prohíba la enseñanza de otras doctrinas. Aparentemente algunos hermanos estaban prestando atención a las fábulas rabínicas y a  las doctrina y historias que fabricaron. Estaban rastreando su origen a través de genealogías suponiendo  que su linaje tuviera valor salvífico. Sin embargo, el versículo 4 dice que tales disputas no avanzan el plan de Dios. Por eso, el apóstol instruye a Timoteo que mande a estos hermanos que enseñen dogmas judaicas.

 

En otras palabras, «este mandamiento» se refiere a la orden divina dada a Timoteo,  o sea, la comisión que le había sido confiada a Timoteo de militar la buena milicia y predicar la palabra (1 Tim. 1:18; 2 Tim.4:2).  La palabra «mandamiento» junto con su forma verbal se encuentran SIETE veces en la epístola de 1 Timoteo (1:3, 5, 18; 4:11; 5:7; 6:13, 17). En términos sucintos «el mandamiento» es el encargo solemne de Dios dado al evangelista de ser radicalmente intolerante a la falsa doctrina y de insistir que la única doctrina que se enseñe sea la de Cristo en toda su pureza. Es preciso «tapar la boca» de los engañadores (Tito 1:11).

 

Lamentablemente, la posición rígida del predicador en contra de la falsa doctrina suele ser interpretada como desprovista de amor. El apóstol inspirado escribió 1 Timoteo 1:5 precisamente por eso, porque sabía que la inflexibilidad e intolerancia del predicador fiel hacia las desviaciones de la  doctrina apostólica serían malentendidas  como una falta de amor. A modo de ilustración, han habido miembros en la congregación que consideran que el acto de no darle privilegios de participación en el culto a un hermano influyente de mala reputación sea una medida demasiada severa. Sin embargo, «el propósito de este mandamiento es amor» (1 T.1:5). Y hay ocasiones en las que el predicador tiene que llegar a una congregación empuñando la «vara» de corrección para rectificar las deficiencias (1 Co.4:21).  La oposición a la falsa doctrina y la reprimenda pueden parecer acciones severas, pero el Señor manda que el predicador se posicione impávidamente ante las fuerzas liberales y que apoye a ultranza la sana doctrina. Y esto lo hace por amor porque le interesa la salvación de aquellos a quienes corrige (1 Co.5:2,5).

 

Según 1 Timoteo 1:5, este amor que tiene el predicador para Dios, para la hermandad y para los perdidos surge de tres fuentes:  «el amor nacido de corazón limpio, y de buena conciencia, y de fe no fingida». Consideremos cada una: Su amor proviene de un corazón limpio» (con respecto a otros), de una «buena conciencia» (con respecto a uno mismo), y de una «fe no fingida» (con respecto a Dios). 

 

(1) AMOR DE CORAZÓN LIMPIO

Nuestro amor en el cumplimiento de nuestros deberes ministeriales debe brotar de un corazón limpio (1 Pedro 1:22). El predicador nunca debe reprender a una persona por envidia o por animosidad o rencor, porque tales actitudes nacen de un corazón contaminado. Así, el amor de corazón puro no busca contienda, sino paz con los hermanos (2 Tim.2:22; Mt.5:8,9). Al predicador le urge purificar su propio corazón de toda duplicidad e hipocresía (Stg.4:8; 1 Jn.3:3).  El bienestar espiritual de la persona que estamos corrigiendo debe ser nuestra máxima preocupación. 

 

(2) AMOR DE BUENA CONCIENCIA

Además de purificar nuestros corazones con respecto a nuestros hermanos, es preciso limpiar nuestras consciencias con respecto a nosotros mismos. La consciencia es el mecanismo interno por el cual evaluamos nuestras propias acciones y nos juzgamos. Por lo tanto, el amor verdadero surge de motivos que producirán acciones por las cuales no sentiremos culpa o remordimiento después. El predicador corregirá la falsa doctrina y la inmoralidad del hermano errado  de tal forma que no resultará dañada su propia consciencia. Lastimosamente, el predicador, siendo humano, a veces daña su propia consciencia cuando intenta corregir a un hermano ya que en el ardor del momento dice una palabra inapropiada o comete una acción de la cual más tarde se arrepiente (Jn.8:9; Hebreos 6:14; 10:22). Aunque tengamos las mejores intenciones, hay que tener cuidado de no hacer nada que lamentaremos después (es decir, no participar en conducta impropia para el cristiano, la cual resultará en una mala consciencia).

 

(3) AMOR DE FE NO FINGIDA

Finalmente nuestro amor ha de nacer de una fe sincera y sin hipocresía con respecto a Dios.  Lamentablemente, vivimos en mundo de «fe fingida». En las sectas abundan los religiosos que dicen amar profundamente a Dios y derraman lágrimas de remordimiento, pero no dejan de andar conforme a sus deseos carnales. Ofrecen adoración vana a Dios, defienden doctrinas falsas y hacen actos de caridad muchas veces por motivos egoístas o para difundir su religión. En cambio, la interrupción de la enseñanza de los falsos maestros por parte de los auténticos predicadores del evangelio debe efectuarse porque el predicador ama la verdad de Cristo de todo corazón. Cualquier «amor» que no nace de una fe genuina realmente no es amor (1 Tim.1:19,20; 1 P.1:22). Timoteo, su madre y su abuela tenían esa clase de fe auténtica (2 Tim.1:5; 1 Tim.4:6). 

 

En resumen, el amor es la estrella  guía y el principio rector tras el mandamiento de corregir al hombre que enseña otras doctrinas. Toda corrección debe hacerse por amor y con amor. Como dice 2 Timoteo 2:25,26, “que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, 26 y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él.” Que nuestro Dios dé a cada evangelista la valentía de detener a los que enseñan falsas doctrinas, y la sabiduría para llevar acabo este mandamiento con amor.

 

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en noviembre de 2019 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2019. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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