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«Nadie Subió al Cielo»

 

 

Pregunta: ¿Según Juan 3:13, «Nadie subió al cielo» pero en 2 Reyes 2:11 «Elías subió al cielo». ¿Qué explicación podemos darle al término «cielo» en ambos textos? (El Salvador)

 

 

Respuesta: Muchas aparentes contradicciones en las Sagradas Escrituras ni siquiera son contradicciones, sino intentos por los escépticos para desacreditar la veracidad de  la revelación divina. En la mayoría de los casos, toda confusión se eliminaría definiendo los términos del texto y ubicándolo en su contexto.  Tal es el caso de Juan 3:13. 

 

EL TÉRMINO «CIELO»

Como observó atinadamente el preguntador, una posible solución radica en las definiciones de la palabra «cielo». En los escritos inspirados, hay tres cielos.  Según el diccionario hebreo Vine, el primer cielo se refiere a «la “bóveda celeste” y el “ámbito celeste” donde vuelan las aves» (Gen.1:7-8; 8:2; Deut.4:17). Tanto Cristo como Elías subieron al primer cielo, o sea a «la atmósfera». En este sentido, Jehová alzó a Elías en un torbellino al cielo (2 Reyes 12:1) y en Hechos 1:9, Cristo fue llevado “al cielo” (a las alturas) hasta que una nube lo ocultó de su vista.

 

El segundo cielo se refiere al «ámbito donde el sol, la luna y las estrellas se encuentran». En este sentido,   usa la palabra “cielos” en Génesis 1:14.

 

En tercer lugar, el cielo se refiere «a la morada de Dios» (Sal.2:4; Deut.4:39; 26:15) y “el tercer cielo” (2 Co.12:2). Sabemos sin duda alguna que Cristo no solamente ascendió al primer cielo, sino también al tercer cielo, y está sentado actualmente a la diestra de Dios (Marcos 16:19; 1 Pedro 3:22).

 

No hay ninguna evidencia que Elías ni ningún otro ser humano pudo ni podrá «circunvalar» o evadir el juicio y entrar directamente al cielo.  Todo ser humano tiene que comparecer ante el tribunal de Cristo (2 Co.5:10).  Si Elías  hubiera subido directamente al tercer cielo más de 800 años antes del nacimiento de Cristo,  entonces significaría que pudo recibir el lavamiento de sus pecados y el galardón celestial sin la sangre de Cristo.  Esto no puede ser porque hablando de la ciudad de oro, Juan escribe, «No entrará en ella ninguna cosa inmunda»  (Ap.21:27).  No pudo haber entrado al cielo con pecado. Asimismo ni el profeta Elías ni ningún ser humano podrá eludir el juicio final (Ro.14:12; Mt.12:36; Ap.20:12; Hechos 10:34). Todos, incluso Elías, tendrá que rendir cuentas a Dios por sus obras. Por lo tanto, 2 Reyes 2:11 solamente indica que Elías ascendió al primer cielo. De esta manera, basándonos en las definiciones bíblicas de la palabra «cielo», se resuelve esta supuesta incongruencia.

 

EL CONTEXTO DE JUAN 3:13

Sin embargo, una examinación pormenorizada del contexto inmediato revela otra explicación plausible. Según los versículos 10-12, el tema en consideración es el testimonio de Cristo. Cristo habló de lo que había visto y les estaba testificando «de las [cosas] celestiales» (v.12).  Por lo tanto, al decir que «Nadie subió al cielo sino el que descendió», está indicando según el contexto que nadie ha subido al cielo para traernos testimonio de cosas celestiales aparte de aquel que ha descendido de allá para darnos ese testimonio, es decir, Cristo. John Gill en su comentario de Juan 3:13 señala lo siguiente:

«Enoc y Elías subieron al cielo, pero no por su propio poder, ni en el sentido que nuestro Señor aquí diseña; cuyo significado es, que ningún hombre subió, o pudo subir al cielo para traer de allá conocimiento de las cosas divinas y celestiales. En ese sentido se usa la frase en Deut. 30:12, y se puede ilustrar con Juan 1:18. Por lo tanto, puesto que Nicodemo ya había reconocido a Cristo como un maestro venido de Dios (Jn.3:2), nuestro Señor, quiere que  entienda que él, siendo el Cristo, era el único maestro de las cosas celestiales, porque era la única persona que había estado en el cielo, y en el seno del Padre; y por lo tanto, si él y el resto de los judíos no recibieran sus instrucciones, permanecían ignorantes para siempre; porque nunca antes había habido, ni hubo ni podrá haber, un simple hombre que pueda subir al cielo y aprender los misterios de Dios y del reino de los cielos, y regresar e instruírselos a los hombres». 

 

En esto se diferencia el cristianismo de las demás religiones. Ninguna persona ha subido al cielo para traer la verdad a la humanidad, ni José Smith, ni Mary Baker Eddy, ni Mahoma ni nadie más – nadie, ni ningún ángel ni ningún humano. Jesús está afirmando ser el único que ha descendido del cielo para traernos el mensaje de salvación (Juan 13:3; 16:28; 17:5). En Juan 6:33, él se denomina «el pan de Dios… que descendió del cielo». En Juan 6:38, «Porque he descendido del cielo». De nuevo en Juan 6:51 Jesús dice, «Yo soy el pan vivo que descendió del cielo». En Juan 8:42, «yo de Dios he salido, y he venido». Él es la única fuente celestial de las verdades celestiales. Entonces Nicodemo estaba hablando con el eterno Dios en carne humana,   es decir con un  ser celestial y a la vez humano. Y el mensaje de Cristo es que ningún ser humano jamás ha subido al cielo para ver y observar las cosas celestiales con la excepción de Jesucristo, quien mediante la encarnación descendió para traernos los misterios de Dios. 

 

La complejidad de Juan 3:13 surge de una fusión comparativa de dos ideas en una sola oración, que requieren una inversión del orden de las dos acciones mencionadas, de subir al cielo y descender de allá. El ser humano tendría que ascender al cielo para para poder descender de allá y así traernos la verdad (algo que nadie ha hecho ni puede hacer).  En contraste, Cristo primero descendió de allá, trayéndonos la verdad sin necesidad de ascender primero. Por lo tanto, su ascensión aconteció posteriormente con otro propósito.   

 

«QUE ESTÁ EN EL CIELO»

Otro punto de confusión en este texto de Juan 3:13 es cómo Cristo pudo haber dicho que estaba en el cielo, cuando obviamente estaba en la tierra.  Sin embargo esto se resuelve teniendo en cuenta la omnipresencia de Dios y su unión íntima con el Padre celestial. El Padre, Hijo y Espíritu Santo, a pesar de sus distintas personalidades, son un sólo Dios. 

 

En cuanto a la parte final de este texto, McGarvey ofrece este comentario,

«Jesús…no tuvo su origen en esta tierra para luego ascender al cielo, sino que vino del cielo a la tierra, y regresó allá después. Cristo habla de sí mismo como presente en el cielo en ese momento, porque su naturaleza divina estaba en constante comunicación con los poderes del cielo.  Si concebimos el cielo como una localidad (un concepto correcto), Jesús estaba sobre la tierra; pero si lo concebimos como una comunión presente con la presencia de Dios (también una concepción correcta), entonces Cristo estaba en el cielo mientras hablaba con Nicodemo—Juan 8:29)».

 

En Juan 8:29, Jesucristo dice, «Y el que me envió está conmigo, no me ha abandonado».  De este modo, la unidad y la comunión íntima entre el Padre, Hijo y Espíritu Santo hace que puedan estar presente en cierto sentido el cielo y en la tierra simultáneamente.

 

En suma, «nadie subió al cielo» para traernos testimonio celestial.  No obstante, Cristo ha descendido de allá cumpliendo con ese objetivo. En contraste, Elías solamente subió al primer cielo donde vuelan las aves, y la Biblia no señala que hizo Dios con su cuerpo y alma subsecuentemente. Podemos asumir que su alma se encuentra con el patriarca Abraham en su seno en la región conocida como el hades (Lucas 16:22,23). Sin embargo, la Biblia enseña con claridad que algún día Elías y todo ser humano aparecerán ante el tribunal de Jesucristo en el día final. Como dice Romanos 2:12-16 «. . .y todos los que bajo la ley han pecado, por la ley serán juzgados. . . 16 en el día en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres conforme a mi evangelio».

 

Al igual que Elías y Jesucristo, algún día nosotros los fieles subiremos al primer cielo «para recibir al Señor en el aire», y luego procederemos con él al tercer cielo para «estar con el Señor para siempre» (1 Ts.4:17).  Entonces, asegurémonos de ser contados entre el número de los fieles redimidos para poder gozar de esa reunión dichosa .

 

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en mayo de 2018 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2018. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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