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¿Debe un Cristiano Votar?

 

Pregunta: ¿Debe un cristiano votar en las elecciones o es pecado?  ¿Es  opcional, prohibido, o requerido? (Honduras)

 

 

 

Respuesta: El mundo sectario casi unánimemente favorece la participación del cristiano en las elecciones demócratas de los líderes políticos. El Mons. Florencio Olvera Ochoa, expresando la postura católica, escribe, “Es pecado no votar…Si en conciencia no encuentro al candidato puro, debo votar por el menos malo…” El punto de vista protestante concuerda, “Votar es el deber y la responsabilidad de cada cristiano y votar por los líderes que promueven principios cristianos”.   Sin embargo, la iglesia de Cristo existió mucho antes que estos grupos sectarios y se identifica por su fidelidad a la sana doctrina.

 

La Sagrada Escritura no menciona específicamente la cuestión de votar en las elecciones presidenciales, legislativas y municipales. Sin embargo, sí, establece varios principios que regulan la relación del cristiano con el gobierno civil. Por casi dos mil años, la iglesia del Señor ha existido en naciones de diversos climas políticos, autocracias monárquicas, oligarquías, democracias, plutocracias, etc.  No obstante, sin importar la forma de gobierno, el principio dominante del Nuevo Testamento que rige es que debe existir una separación entre iglesia y estado. A continuación consideraremos cuatro razones contundentes expuestas en las Escrituras por las que un cristiano no debe votar.

 

(1) LA SEPARACIÓN DE IGLESIA Y ESTADO

En Juan 18:38, el Señor Jesús contrasta los gobiernos civiles con el reino de Cristo. Hay una diferencia abismal entre los dos.  La misión del gobierno civil es mantener orden en la sociedad (Ro.13:1-7), pero la misión del reino del Señor no es ésa. Como “hijos del reino”, nuestra misión es espiritual, y aunque vivamos en diferentes países y aunque el mundo nos considere “ciudadanos terrenales”, nuestra verdadera “ciudadanía está en los cielos” (Filipenses 3:20). En este mundo, somos “extranjeros y peregrinos” (1 P.2:11).  Por eso, los cristianos primitivos mantuvieron una posición de neutralidad política y de no participación.   Nunca los vemos protestando o repartiendo folletos políticos a favor o en contra de cierto gobernador civil o portando pancartas, haciendo campaña contra el aborto o a favor de algún otro asunto mortal.  Se aislaron de tal involucramiento, reconociendo que la misión de la iglesia no es  transformar el gobierno, sino transformar las vidas y mentes de las almas perdidas. Cristo dijo sobre sus seguidores, “el mundo los aborreció, porque no son del mundo” (Juan 17:14). Como lo traduce la versión NIRV, “No son parte del mundo”, es decir son neutrales en los asuntos políticos del mundo (Juan 18:38).

 

(2) EL PARTIDISMO Y LA DIVISIÓN

Como cristianos valoramos nuestra unidad (Col.3:14) y luchamos en contra del partidismo. Cuando los miembros de la iglesia participan en la política, el resultado es desavenencia y división entre la membrecía. 1 Corintios 12:25 condena la desavenencia entre los miembros, y esto incluye las contiendas sobre quién sea el mejor candidato o sobre qué partido apoyar. Por eso, abogamos por la neutralidad en cuanto a los “negocios de la vida” (2 Tim.2:4).  En palabras de la traducción Nueva Versión Internacional, “Ningún soldado que quiera agradar a su superior se enreda en cuestiones civiles”. Como buenos soldados de Cristo Jesús, este versículo debe gobernar nuestra conducta (2 Tim.2:3), y así evitaremos mucha discordia entre los hermanos de la fe.

 

(3) ¿CONFIANZA EN LOS PRÍNCIPES O EN DIOS?

Los promotores de equis candidato al votar por él y animar a otros que hagan lo mismo está poniendo su confianza en ese candidato y en sus promesas que frecuentemente son irrealizables.  Esto me recuerda del Salmo 146:3 “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación”.  Confían en su candidato, exaltándolo al rango del “futuro salvador del país”, que va a rescatar a todos de la pobreza y poner fin al crimen y a la violencia. Con frecuencia, como indica la versión La Biblia de las Américas en el Salmo 62:9 “los de alto rango son mentira”. Estos aristócratas dicen lo que creen necesario para ganar las elecciones. Practican cierta “ambigüedad y flexibilidad” para no alienar a los votantes, usando consignas vagas y mentiras reconfortantes.  Por lo tanto, las palabras “honesto” y “político” suelen ser contradictorias e incompatibles. De hecho, existen grupos que se ocupan en evaluar la honestidad de los candidatos políticos usando una escala llamada un “mentirómetro” que oscila entre   las falsedades más atroces y la verdad.  Concluyen que, “Todos los políticos mienten; algunos mienten más que otros” (The New York Times 11 dic.2015).     

 

Por el contrario, el cristiano, en lugar de votar, eleva constantes peticiones a Dios, confesando su incapacidad de elegir el mejor candidato y confiando en la providencia de Aquel que escudriña los corazones y sabe el futuro y que es capaz de instalar al mejor candidato. De esta forma, la oración de un cristiano fiel puede más que los votos de mil incrédulos (1 Tim.2:1,2). Nunca debemos desestimar el poder de la oración; mas bien, debemos reconocer “que el Altísimo gobierna el reino de los hombres, y que a quien él quiere lo da, y constituye sobre él al más bajo de los hombres” (Daniel 4:17).  Nuestra sabiduría humana es tan limitada; sin embargo, nos creemos demasiado inteligentes. Humillémonos, pues, hermanos y hermanas, y confiemos en el poder soberano de Dios sobre los negocios políticos.

 

Daniel 2:21 dice: “El muda los tiempos y las edades; quita reyes, y pone reyes; da la sabiduría a los sabios, y la ciencia a los entendidos”.  Su sabiduría está muy por encima de la nuestra (Is.55:8-9), y por cierto, muchas veces Dios en su sabiduría superior ha puesto reyes que nosotros nunca hubiéramos puesto. En Romanos 13:1, la versión Dios Habla Hoy dice, “Porque no hay autoridad que no venga de Dios, y las que existen, fueron puestas por él”. Es alucinante que la “autoridad superior” reinante cuando la epístola a los romanos fue escrita fue el mismísimo Nerón, emperador de Roma (d.C. 54-68).  ¿Quién de nosotros habríamos puesto a este tirano cruel en el poder?  Según el historiador Tácito, Nerón culpó a los cristianos del gran incendio de Roma y los arrojó a las fieras y a otros los crucificó y los quemó para que sirvieran de antorchas humanas para iluminar la ciudad de Roma.  La verdad es que el Altísimo que gobierna en el reino de los hombres pone y depone magistrados como Nerón conforme a su omnisciencia y nosotros nos quedamos perplejos del porqué. 

 

Como nota al margen, algunos críticos han empleado Oseas 8:4 como contraargumento de la obra providencial de Dios en el ámbito civil. Sin embargo, tomando este versículo en el contexto apropiado de la nación de Israel, es evidente que se refiere específicamente al involucramiento directo de Dios de enviar un profeta para ungir al próximo rey con aceite. Dice: “Ellos establecieron reyes, pero no escogidos por mí” (La palabra “escogidos” es una palabra agregada que no aparece en el texto original). Estos reyes israelitas no fueron establecidos por Dios DIRECTAMENTE (no fueron ungidos por un profeta de Dios); sin embargo, esto no impugna la verdad de que fueron puestos por Dios INDIRECTAMENTE, en el sentido universal en que Dios escoge a todos los magistrados de manera providencial.

 

(4)  LUCHAR CONTRA DIOS

Tal como es imposible para nosotros saber los designios de Dios para la nación en la que vivimos, también  es imposible saber cuál de los candidatos Dios quiere que sea el próximo mandatario del país. Si usáramos nuestro propio criterio para votar por “el mejor candidato”, es factible que nuestro criterio no concuerde con el de Dios. Por lo tanto, lo prudente es abstenernos de la votación, para no osar contraponernos a la voluntad de Dios. Como lo expresa Hechos 5:38-39, “Mas si es de Dios, no la podréis destruir; no seáis tal vez hallados luchando contra Dios”.   La frase “tal vez” demuestra incerteza. Puesto que Dios no nos ha revelado para quien votar, no queremos arriesgarnos, no sea que nos encontremos luchando contra Dios.

 

En países en donde la ley civil exige a fuerza que todos los ciudadanos emitan sufragio, algunos objetores de consciencia han optado por emitir un voto nulo o en blanco.  Es decir, el votante deposita en la urna una boleta o papeleta sin marcar el nombre de ningún candidato.  De esta manera, cumple con la ley civil sin involucrarse en el proceso político y sin quebrantar la ley de Dios.

 

Conclusión: 

Como ciudadanos del reino celestial, debemos alejarnos de entrelazamientos mundanos como la política.  No es la responsabilidad de la iglesia sofrenar el poder el gobierno, sino evangelizar al mundo. Además, es mejor no entrometernos en asuntos sobre los cuales no tenemos ningún control. Como Jesucristo dijo a Poncio Pilato en Juan 19:11, “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba”.  Este texto se suma a todos los textos anteriores (Daniel 2:21-22; 4:17; 5:17-23) que patentizan que el poder de los gobiernos terrenales es dado por Dios.  

 

La noción que Dios supuestamente usa el sufragio de los cristianos como instrumento para instalar a equis candidato en la presidencia o en otro puesto legislativo se muestra poco convincente por la siguiente razón: Si Dios hubiera querido que votáramos, nos habría dejado instrucciones en la Sagrada Escritura sobre cómo y para quién votar. Si votáramos, lo estaríamos haciendo sin ninguna dirección divina y conforme a nuestros propios criterios.

 

Sin embargo, nuestras obligaciones para con el gobierno son tres en número: 1. Pagar impuestos (Ro.13:6,7), 2. orar por los oficiales gubernamentales (1 Ti.2:2; Esdras 6:10) y 3. someternos a todas las leyes civiles con tal que no interfieren con las leyes de Dios (Ro.13:5; Hch.5:29).  Pero ¿en qué pasaje nos manda Dios que votemos por nuestro candidato preferido?  Al contrario, Él nos informa que “el Altísimo Dios tiene dominio sobre el reino de los hombres, y que pone sobre él al que le place” (Daniel 5:21) y nos anima a confiar los negocios políticos a sus manos altamente competentes.

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en enero de 2018 en El Mensajero (en la columna bimestral de El Díscipulo Inquisitivo). Derechos de autor © 2018. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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