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Rebeldía en cuanto a la Vestimenta

Pregunta: “¿Qué hacer con las hermanas y hermanos  que no quieren someterse a la palabra de Dios en cuanto a su vestimenta? ¿y las hermanas que se cortan el cabello y usan tinte rojizo o amarillo o mucha pintura en su cara? Claro que ellas no desconocen lo establecido por Dios”. (Honduras)

 

 

Respuesta: El atavío externo es el reflejo de la condición espiritual interna. Los hermanos y hermanas que usted describe en su pregunta tienen un serio problema con su Creador y Salvador en lo profundo de sus almas.

Siento angustia en mi corazón cuando veo a mis hermanos en Cristo que teniendo gran conocimiento, son rebeldes contra los deseos de Dios. 

Lucas 12:47  “Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes”.

Stg.4:17 dice: “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado”.

No queremos que tales hermanos se pierdan. Por lo tanto, nuestra responsabilidad no es solamente hacerles saber, sino tratar de persuadirles a dejar su carnalidad y desobediencia..

2 Tesalonicenses 5:14 nos exhorta: “También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos”.

La palabra “ociosos” según el diccionario griego Strong significa: “no arreglado, i.e. (por implicación) insubordinado (religiosamente)”.  La Versión LBLA lo traduce “amonestéis a los indisciplinados”.   Como predicadores y hermanos interesados, tenemos que seguir amonestándolos a renunciar su mundanalidad y procurar ser más espirituales.  Si alcanzamos ayudarlos a corregir el problema interior, el exterior se  autocorregirá. El vestuario mundano es un síntoma de una enfermedad espiritual y mortal que ha infestado sus almas.  

 

EL PECADO DE LA CARNALIDAD

(1)  La mujer que se corta el cabello afrenta su cabeza que es el hombre, y al mismo tiempo afrenta a Cristo y a Dios, y por lo tanto, Dios no escuchará su oración ni aceptará sus profecías (predicaciones en privado, su evangelización). Esto enseña 1 Corintios 11:3-15.  Lo mismo dice  del varón que ande cabello largo. Dios fue quien estableció esta regla difícil del cabello para poner a prueba nuestro amor, fe y sumisión.   La mujer que se corta el cabello carece de un espíritu sumiso, lo mismo el hombre que anda el cabello largo. ¡Rebeldía a este mandamiento concerniente al cabello impedirá nuestras oraciones! 

(2) Jesucristo habló mucho acerca de ser “sal” y “luz” (Mateo 5:13-16). En un cuarto oscuro, se destaca una pequeña luz.  Al mirar una hermana muy pintada, empantalonada, con el cabello corto, ¿quién diría que ella fuera cristiana?  Su vestimenta impiadosa está apagando su influencia. Se camuflan entre los incrédulos, en vez de sobresalir entre ellos.   El cristiano mundano trae vergüenza sobre Jesucristo y su iglesia.  Tal hermano es como sal que no tiene sabor, es sosa e insulsa como los demás hombres y mujeres carnales. 

(3) En cuanto al maquillaje, el usar mucho hace que la mujer se parezca a Jezabel quien se pintaba los párpados como una ramera (2 Reyes 9:30, 9:22;  Jer.4:30). Toda cristiana debe preguntarse si está llevando “ropa decorosa con pudor y modestia” o  si está llevando el “atavío de ramera”  (1 Tim.2:9,10).  El usar pintura  de colores vivos y llamativos en el cabello sirve para llamar la atención sobre su apariencia exterior y no sobre la persona interior, algo condenado en 1 Pedro 3:3-6.  ¿Puede usted imaginar a María, madre de Jesús, o a Sara, mujer de Abrahán, a Lidia, o a Dorcas pintadas, empantalonadas con el cabello corto?  (Hch.9:36)

(4) Dios no solamente quiere poseer nuestros espíritus y almas, pero también nuestros cuerpos.  En Romanos 12:1,2 Dios nos está suplicando a que presentemos nuestros cuerpos a Dios. Ya no tengo derecho de vestir mi cuerpo como yo quisiera, porque mi cuerpo ahora le pertenece a Dios, porque se lo he presentado a Él voluntariamente como sacrificio vivo.   Muchos cristianos todavía no han hecho este compromiso con Dios.  Sin embargo, lo que nos motiva a dedicar a Dios nuestro cuerpo es su misericordia y nuestro deseo de agradarle. Esta transformación externa ocurre cuando renovamos nuestras mentes (Ro.12:2), cuando decidimos firmemente que ya no conformarnos al mundo en nuestra forma de vestir, de actuar, de hablar, etc… (Ef.4:22-24).  Tengamos el valor de tomar la resolución de ya no amar al mundo (que incluye no amar las modas mundanas, su estilo inmodesto de  vestimenta, de maquillarse, y de cortarse el cabello, etc) – 1 Juan 2:15-17.

 

EL PROCESO DE LA DISCIPLINA

Claro que si son hermanos nuevos hay que serles pacientes y darles tiempo para crecer.  Muchas veces  los predicadores y cristianos más maduros se vuelven impacientes con los nuevos cristianos y esperan que el cambio ocurre de la noche a la mañana.  Pero aun si lográramos al momento de bautizarlos que cambiaran su vestimenta exterior, siempre quedarían raíces carnales que en algunos son más profundamente arraigados que en otros.  Por eso, Dios una y otra vez nos recuerda ser pacientes y sufridos con ellos (1 Ts.5:14). Sin embargo, cuando Pablo escribió la carta a los hermanos en Corinto, tenían CUATRO años de ser cristianos, y todavía eran carnales. Pablo esperaba que  a esa altura, existiera una madurez y espiritualidad en ellos expresadas tanto en sus interiores como en sus apariencias exteriores (1 Co.3:1,2).

El proceso de la disciplina consiste en continuamente amonestar (2 Pedro 1:13) con paciencia.  Amonestación significa “un poner en mente” (Dicc.Gr.Vine) y “llamar la atención…reprensión suave o advertencia” (Dicc.Gr.Strong).  Pero si niegan a hacer caso, podemos  llevarlo al siguiente nivel que consiste en reprenderlos con amor y mucha paciencia (2 Tim.4:2). No solamente el predicador sino TODA la congregación debe tomar parte en esta amonestación y reprensión (1 Ts.5:11; Mateo 18:17). Después de toda la amonestación y reprensión amorosa y paciente, a veces es necesario avanzar al paso final de la disciplina y denunciar su pecado públicamente, y no relacionarnos con el hermano rebelde para que se avergüence y se arrepienta (2 Ts.3:6, 14,15).  Una palabra de precaución: Usemos sabiduría en tomar este último paso muy apresuradamente, porque si el cristiano es débil  y no entiende la importancia de la iglesia, ni está bien arraigado en la doctrina de Cristo, el ser expulsados de  Cristo para la salvación de sus almas puede resultar contraproducente e infligir un daño irreparable, perdiéndolos para siempre.

Por lo tanto, en la mayoría de los casos, la solución para corregir la vestimenta de los hermanos inmodestos no es cantaletear (predicar incesantemente) de la vestimenta desde el púlpito sino arraigarlos bien en la doctrina de Cristo y mientras vayan madurando, nacerá naturalmente en ellos el deseo de vestirse apropiadamente. Tenemos que siempre tener en cuenta que la vestimenta es un síntoma de un trastorno espiritual más severo.  En vez de tratar el síntoma, es más prudente tratar el padecimiento interior de la falta de espiritualidad.  Mientras vaya creciendo su amor a Dios, se irá decreciendo su amor para con el mundo. 

Dejemos que las palabras de 1 Juan 2:15 resuenen en nuestros oídos:  “No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él”.

 

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en marzo de 2017 en El Mensajero (en la columna bimestral de El Díscipulo Inquisitivo).]

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en marzo de 2017 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2017. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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