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Cuando un Lider Descarriado Vuelve

 

Pregunta: Si un líder de la iglesia (sea predicador, anciano o maestro local) deserta, traiciona o estafa  a la iglesia, ¿cuáles son los pasos que debe tomar para restaurar la confianza de la hermandad? 

 

Respuesta: Lamentablemente, siempre ha habido predicadores y lideres de la iglesia que han desechado «la fe y buena consciencia» para seguir una vida inmoral (1 Timoteo 1:19). Después de su naufragio, volver a construir su vida y reputación es desafiante, especialmente cuando ha cometido actos tan viles como robar el tesoro de la iglesia o abandonar a su esposa para entregarse a una vida inmoral con otra.  La situación se agrava particularmente cuando el hermano que ha cometido tales abominables actos es un predicador o líder muy respetado,  amado y de confianza en la iglesia. Pues no sólo ha traicionado al Señor Jesucristo, sino también a la santa iglesia. Aparte de debilitar la fe de sus hermanos espirituales, crea también un escándalo ante los ojos del mundo. En muchos casos, la reputación de la iglesia queda destruida. 2 Pedro 2:2 dice, «por causa de ellos, el camino de la verdad será blasfemado». No cabe duda que la iglesia sufre un reproche devastador cuando un representante prominente de Cristo y su iglesia comete tan impúdicos actos.

 

Pero ¿cómo debe reaccionar la iglesia cuando este predicador o líder después de tanto daño hecho regresa arrepentido y acongojado, confesando sus pecados y humillándose ante los hermanos suplica perdón?

 

PERDÓN Y GOZO

Sin duda, «hay gozo delante de  los ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente» (Lc.15:10). 

 

«Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta;  porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado» (Lc.15:22-24).

 

Nunca debemos portarnos como el hermano del hijo prodigo quien  lleno de tanto rencor y envidia  no podía sino solo poner su mirada en como su hermano había «consumido sus bienes con rameras» (Lc.15:30). Tenemos la obligación de perdonar a nuestro hermano arrepentido(Mt.6:14,15; Pr.10:12).

 

Por otra parte y pese a nuestra profusión de gozo y perdón de poder recibirlo con los brazos abiertos, las Sagradas Escrituras prohíben a la iglesia el poner de nuevo de forma precipitada a tales hermanos en puestos de liderazgo. Y aunque el pecado ha sido borrado, perdurarán las consecuencias de ese pecado.   Como en el caso de David a quien Dios perdonó amorosamente, «mas por cuanto con este asunto hiciste blasfemar a los enemigos de Jehová», sufrió la muerte de su hijo  y una degradación e infamia publica   que duró por muchos años (2 Sam. 12:13,14).

 

RECUPERANDO LA CONFIANZA

En muchos sentidos, el retorno a la iglesia de un predicador que ha causado un escándalo y abandonado la fe es parecido al retorno de un marido infiel a su esposa. Ella, aunque tiene causa bíblica para repudiarlo (Mateo 19:9), lo sigue amando y además  a veces hay hijos de por medio, por lo que decide recibirlo nuevamente. Sin embargo, pese a que ella lo ha perdonado, son tantas las veces que él le ha mentido y engañado por cubrir sus infidelidades que la esposa naturalmente sentirá aún desconfianza y sospechas de él. Y aunque él se haya  arrepentido y sienta remordimiento y contrición por sus engaños, será un tanto difícil y no sabrá  qué hacer para recuperar la confianza y sanar las heridas de su pareja.  

 

De igual forma, para un líder que ha cometido actos infames y se arrepiente, el ganarse de nuevo la confianza de la hermandad no será un proceso rápido ni sencillo. A continuación estudiaremos tres pasos básicos y bíblicos que pueden  restaurar la confianza para con aquellos que el ofensor ha traicionado.

 

Paso # 1 – Frutos de arrepentimiento

Pedir perdón no es suficiente; hay que esmerarse a deshacer el entuerto  causado a través de un cambio de conducta. Disculpas sin acciones  son meras palabras que no significan nada. Cristo dijo en Mateo 3:8, «Haced, pues, frutos dignos de arrepentimiento». Vivir sin reproche significa evitar incluso la apariencia de situaciones que podrían ser interpretadas como impropias (1 Ts.5:22). Por ejemplo, si un hermano adúltero mantiene una amistad cercana con su ex-amante, esto señala que aun no hay frutos de arrepentimiento, lo cual dificulta el proceso de restaurar la confianza de  su esposa y la iglesia. Asimismo, el hermano que se ha robado el tesoro de la iglesia,  no le bastará con solamente desear restaurar lo hurtado sino que debe devolver dicho dinero y si puede, aún «cuadruplicado» (Lucas 19:8).

 

Paso # 2 – La transparencia

En un matrimonio, el marido que ha sido infiel debe darle a la esposa acceso a su teléfono, su correo electrónico, al correo de voz, etc. Caso contrario, será justo que el engañado se pregunte si su esposo está ocultado algo. Además para restaurar la confianza, el ofensor debe procurar amenguar las inseguridades de la esposa siempre  informándole en cada momento de su paradero. Ahora más que nunca no le puede esconder nada (Job 31:33). Del mismo modo, es necesario que el líder difamado y traidor viva una vida transparente sin esconder absolutamente nada para  de esa forma poder restaurar la confianza de la iglesia.

 

Paso # 3 – La paciencia

La confianza se puede recuperar pero no se logra rápidamente.  Y es normal que, después de una infidelidad, la pareja victimizada sienta una montaña rusa de emociones. Los cambios de humor, la alteración del sueño, la pérdida de apetito, la declinación de la salud, las lágrimas inesperadas y el retraimiento son naturales; hoy puede estar bien pero mañana devastado de nuevo.

 

Debido a lo anterior, es preciso que el cónyuge infiel sea paciente para con su pareja. Col 3:12 nos recuerda: “Vestíos…. de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia”. El esposo infiel no tiene  derecho de determinar el tiempo que le tomará a su pareja superar la situación. Tampoco tiene derecho de poner plazos para mostrar el cambio de su conducta. Las sospechas y la desconfianza desaparecerán a medida que pase el tiempo.

 

Lo mismo se puede decir del predicador que ha cometido un escándalo y ha abandonado a la iglesia. No tiene derecho de exigirle a los hermanos que le den el privilegio de predicar de nuevo. Ello tomará tiempo, a veces muchos años de esperar con paciencia. En una congregación en Estados Unidos, se descubrió que un maestro de la iglesia había estado acosando sexualmente a su hija. Cuando fue descubierto, él se arrepintió y confesó su pecado delante de los hermanos. No obstante y pese a lo ocurrido, después de algunos meses, este hermano comenzó a protestar y a presionar a los demás hermanos para que le permitieran  tomar el pulpito nuevamente. ¡Cómo se  contrasta esa actitud con la del hijo pródigo quien acongojadamente dijo, «Ya no soy digno de ser llamado tu hijo; hazme como a uno de tus jornaleros» (Lc.15:19).

 

TOMAR EL PÚLPITO ES UN PRIVILEGIO

El hermano antes mencionado creía erróneamente que tomar el púlpito era un derecho. Pero no lo es. Es un privilegio que se le da al hermano que llena los requisitos bíblicos (Stg.3:1; 2 Ti.2:2).  El púlpito debe ser permitido solamente a un hermano sabio (Stg.3:13-18) que «muestre por su buena conducta sus obras en sabia mansedumbre» y que no tenga celos de otros. En este punto, muchas congregaciones de Cristo han fallado, mostrando su inmadurez  y carnalidad, poniendo a  enseñar públicamente a hermanos de poco conocimiento o con una reputación mancillada. Como dice 1 Timoteo 3:10 «Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles». Este mismo principio de “someterlos a prueba” para ver si son intachables o «sin acusación» también se extiende a toda posición de autoridad en la iglesia, sea  la de predicador, anciano o maestro local (1 Ti.3:2; Tito 1:7; 1 Ti.4:15).

 

El predicador que ha difamado a la iglesia con su conducta reprochable y que se siente verdaderamente arrepentido, dará infinitas gracias a Dios diariamente por haberle tenido misericordia y por haberle recibido de nuevo en el redil de los redimidos. Jamás se turbará  o se sentirá consternado si los hermanos no lo consideran sabio que él esté en frente de la congregación en un puesto de mayor influencia. Tampoco considerará esta decisión de la iglesia como castigo ni acusará a los hermanos de estarle «privando» de su derecho a predicar. Más bien, respetará la determinación prudente y bíblica de la congregación de tener maestros intachables y confiables. De hecho, el hermano docto pero que ha manchado su notoriedad, se contentará de haber recibido la gracia inmerecida de Dios y el perdón amoroso de los hermanos y utilizará sus dones humilde y magnánimamente (incluso el de la enseñanza) de forma privada para la honra y gloria de Dios (Ro.12:3-8).

 

Conclusión: Volviendo a la comparación con el matrimonio, la infidelidad conyugal es un acto vil y despreciable. De todas las atrocidades que un cónyuge pudiera cometer, la infidelidad es la única causa que Jesucristo permitió para el divorcio (Mateo 5:32; 19:9). El trauma emocional y la falta de confianza causados por la infidelidad tomará años para repararse.

 

De la misma forma, el predicador o líder de mucha influencia que haya cometido actos desvergonzados, pero que luego regresa al Señor, será acogido por la congregación con gozo y perdón inagotable. Será recibido como cristiano muy valorado, pero no como predicador o líder. Después de muchos años de dar muestras de arrepentimiento, ser transparente en todo y ser muy paciente, podrá entonces irse ganando paulatinamente la confianza de los hermanos.

 

 

 

[Este estudio escrito por P. Melton fue publicado en diciembre de 2018 en El Mensajero (en la columna bimestral de “El Discípulo Inquisitivo”). Derechos de autor © 2018. Todos los derechos están reservados. Estamos complacidos de conceder permiso para que este artículo sea reproducido en su totalidad en forma electrónica para exponerlo en en páginas Web siempre y cuando las siguientes estipulaciones sean observadas: (1) la página Web URL específica de IglesiadeCristoNT.org debe ser anotada; (2) el nombre del autor debe permanecer adjunto al artículo; (3) deben ser reproducido exactamente como aparece en el original sin alteraciones.]

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